Arenales: un desayuno nos espera

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Por : Andrea Orrego Montoya/Comunicadora Social y Periodista apasionada por la bici

No importa si hace frio, si el día esta nublado, si aún se ve el rocío en las hojas de los árboles, o si hay una que otra chispita de agua que nos moja, es hora de salir a pedalear, de darle vida a nuestro cuerpo haciendo girar las bielas, escuchando los latidos de nuestro corazón y el cantar de los pájaros que apenas están saliendo de sus nidos.

Lo mejor de la bici es compartir con amigos, ejercitar el cuerpo, sentir el contacto con la naturaleza y los lugares que ella nos permite conocer.

El cielo esta gris, con uno que otro rayo de sol que se filtra entre las nubes, a lo lejos se alcanza a ver como como comienza a abrirse para dar paso al hermoso azul celeste que aun duda en dejarse ver.

El clima está un poco frio, empezamos a pedalear para que el cuerpo entre en calor con los primeros kilómetros, vamos camino a “Arenales”, el desayuno en la Fonda Valluna nos espera, el lugar es hermoso, lleno de colores pastel, un estilo muy vintage que lo hace muy agradable y acogedor y si le sumamos la delicia de comida y la vista que nos ofrece, es difícil querer irse de ahí.

Pedaleamos hacia Restrepo, una ruta concurrida por ciclistas, motos y carros de todo tipo, vamos con precaución por la berma sin ningún inconveniente, esperándonos entre nosotros a un buen ritmo. La primera subida “la del bobo”, ahí comienza el entrenamiento y el primer desafío para muchos.

Pasamos Restrepo el “pueblo del pan de arroz” y más adelante tomamos el desvío que nos lleva al Caney medio, es una ruta pavimentada, un falso plano que nos pone a sudar a pesar del clima fresco que nos acompaña. Entre casas de campo, fincas, tiendas y una escuela llegamos al Caney Medio, para continuar nuestro recorrido subiendo y encontrar el camino que nos lleva a “Arenales” hasta la Fonda Valluna.

El terreno comienza a ponerse un poco complicado, se acabó el pavimento,  cada vez hay más altitud, continuamos por una trocha que por las frecuentes lluvias esta mojada y algo resbalosa, tiene mucha piedra suelta y para algunos es algo peligrosa. Subimos con éxito  admirando el paisaje que se ve a nuestra diestra, un cielo gris como techo de un inmenso llano. Tenemos el privilegio que todo lo que nos rodea es verde, se respira aire puro, no es una subida fácil, pero vale la pena como entrenamiento, por la imagen de un cuadro perfecto que aparecerá ante nuestros ojos, y por las delicias que nos esperan para desayunar. Hay motivaciones de sobra para pedalear esta mañana.

Llegamos al restaurante, un desayuno con amigos cae bien, huevos, marranitas, aborrajaos, arepas, empanadas, frutas, jugos, todo eso compartimos entre charlas, fotos y risas, para luego comenzar el descenso y continuar rumbo a casa, no sin antes subir hasta loros, otra ruta cercana que vale la pena visitar.

Para llegar a “Arenales” como se le conoce, hay que hacer un recorrido de aproximadamente 20 kilómetros, eso depende del punto de salida,  con un aumento de altitud de 619 a 717 metros sobre el nivel del mar, el regreso suma otros 20, y puede hacerse en 2 horas en movimiento, puede ser menos, disfrutando del paisaje, la compañía y un merecido desayuno. Hay que recuperar calorías.

 

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