Los empresarios de las bicicletas,ni en las curvas

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En el Meta, especialmente en Villavicencio el creciente gusto por la bicicleta ha llevado a que pasaramos de los tradicionales almacenes de bicicletas del centro de la ciudad, ubicados,  desde que recuerdo,  en las inmedicaiones de la Iglesia del Divino Niño, por la Avenida Alfonso López, a unos almacenes más modernos, con marcas de bicicletas Americanas, Italianas, Francesas, Alemanas, con precios para todos los gustos, desde $1.200.000.oo hasta más de $25.000.000.oo.  Que bueno que haya mercado para toda esa gran oferta que ha llegado a la región con el auge del ciclismo, en especial de ruta y de montaña. El Bicicross y el Freestyle siguen relegados por cuenta del atraso y la falta de escenarios para su práctica. 

Bueno, pero no nos desviemos del tema. También han aparecido infinidad de eventos que buscan ofrecer alternativas a los ciclomontañistas para que le saquen provecho a esas finas maquinas con las que cuentan, que la “rompe piñones”, que la “rompe ruedas”, que el “reto del salto”, que el “desafio sayayin”, que el “ranking de los super poderosos”, que los “senderos de la iguana coqueta”  y muchos más con atractivos nombres que invitan al reto, a la aventura, a la inversión de los ciclistas en inscripciones que van a parar a la organización de quienes nos hacen el favor de cranear tan trascendentales e importantes eventos.

Todo eso esta muy bien, que quienes nos gusta montar en bicicleta tengamos toda esa gama de eventos, esto sin mencionar el otro buen número que se hacen en diversas regiones del país y en donde generalmente hay representación de esta bella tierra.

Pero como decian los abuelos, “cada uno tira para su lado”, de toda esa platica que recogen los organizadores, de todas esas buenas ventas que tienen las tiendas élite que hay en la ciudad, que le queda a los deportistas?

Y esta pregunta me asalta a raíz del caso de Wilmar Marulanda, un joven de 22 años, que a los siete perdió su pierna derecha porque un perro se la destrozó y no huba más que hacer, sino amputarla.  Para resumir en una palabra quién es Wilmar, les digo que es un Titán. Y no solo  por ser un gran ciclista con solo una pierna, sino por lo duro que le ha tocado en la vida, por su optimismo, su fe y la alegría que irradia este hombre. Ah y porque a pesar de su condición ha subido a más de 7.000 metros sobre el nivel del mar en el  Monte Everest.

Wilmar es un deportista de alto rendimiento, y lo ha lagrado casi pidiendo limosna, mendigando aquí y allá, un plato de comida, un pasaje, un hospedaje o un repuesto para su bicicleta. El 10 de septiembre para Bucaramanga a un nacional de Paracycling, se ganó el cupo enfrentado a otros grandes de este deporte en el país y seguramente con más apoyo y más recursos que él.

Pero aparte del abandono por parte de quienes rigen las políticas del deporte en la región, lo propio ocurre con quienes perciben muy buenos recursos económicos por cuenta de quienes nos gusta la bicicleta, a quienes mencionaba unas líneas más arriba.

Muy triste resulta que estas personas y/o empresas no puedan apoyar a un talento de estos. Que el apoyo más grande es el moral a través de unas palmaditas en la espalda y el cuento aquel de “usted es un putas hermano. Como lo admiro”. Y si lo admira tanto cree que con esa palmadita en la espalda Wilmar come, paga arriendo, compra los suplementos vitaminicos que necesita un deportista de esta talla? Pues no amigo, con la palmadita, no se compra nada de esto.

En todo caso y gracias a Dios, para quienes creemos en ese ser superior y que todo lo puede, hay gente de buen corazón que curiosamente no son los empresarios de las bicicletas. Un señor dueño de un restaurante que le brinda la alimentación a Wilmar, otro amigo empresario que muy amablemente le ha ayudado un buen tiempo con hospedaje, el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio quien muy amablemente ayudó económicamente a Wilmar para solventar algunos de los gastos para ir al nacional a Bucaramanga, unos pocos amigos periodistas que nos han permitido ir con Wilmar a contar su historia.

Pero los empresarios de la bicicletas, ni en las curvas.

Más travesías, más almacenes de bicicletas de alta gama, todo es bienvenido, pero ojala tengan en cuenta una cosa que se llama “RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL” y ojo, que además esas inversiones en el deporte se las deducen de sus impuestos. No pierden!!!

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