Santa Maria Alta, bien alta

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Por: Andrea Orrego Montoya/Comunicadora Social y Periodista apasionada por la bici

Hacía mucho tiempo no veía las nubes tan bajitas, casi podía tocarlas esa mañana, cuando salí a mi terraza a ver como estaba el clima para mi rodada matutina. Unas cuantas gotas de lluvia caían, pero para nosotras no es impedimento para el entrenamiento diario. Me sentía en clima frio, en otra ciudad, podía percibir el rocío en el aire.

Me subí a mi bicicleta para ir a encontrarme con Sandra mi compañera de grupo, y así empezar con un paseo en bici, que más adelante se convertiría en un verdadero entrenamiento. Salimos con la intensión de dar una vuelta corta, soltar las piernas y pasar la mañana entre una buena conversación, ver el paisaje y un par de fotos. Pero después de calentar, ya nada pudo detenernos.

Los primos kilómetros fueron suaves subiendo la Vereda el Cairo para salir a la vía Restrepo, tomar el camino que nos llevó a Pozo Azul, y continuar hacia el “puente viejo del Guatiquia”. Allí hicimos una parada técnica, teníamos que contemplar como las montañas estaban cubiertas por las nubes, parecían nevados, apenas se lograba ver un poco del verde de la cordillera, una foto con ese paisaje no se podía dejar pasar.

Continuamos rodando rumbo a La Argentina, un falso plano que nos exige y se disfruta, el clima era perfecto, casi a 19 grados centígrados, no había sol, el ambiente era perfecto para pedalear, el cuerpo ya entro en calor y todo empiezo a fluir, teníamos cada vez más energía.

Nos encontramos muchos ciclistas bajando Puente Abadía, pareciera que Sandra y yo fuéramos en contravía, seguimos el camino, llegamos a la vereda y se nos acabó el pavimento. Decidimos seguir, solo llevábamos cerca de 11 o 12 kilómetros, la carretera tenía mucha piedra suelta y lama, había charcos y barro en gran parte de la vía, pero no habían excusas solo ganas de continuar.

Llegamos al cruce que nos llevaba a Santa María Alta, no estaba en nuestros planes hacer esa ruta, paramos solo a tomar agua, y de repente se me ocurrió que el día estaba perfecto para un ascenso como ese y además llevar a Sandra era buena idea, no la conocía, y exigirse en su entrenamiento sería bueno, siempre hay que avanzar.

Durante el ascenso todo a nuestro alrededor era verde, pero poco podría apreciarse, la neblina estaba por todas partes, sentíamos que estábamos subiendo un páramo, todo era blanco, húmedo, no llovía pero caían gotas de agua de las hojas de los árboles, a veces teníamos poca visibilidad, entre más subíamos, más frio hacia y más nubes se nos atravesaban por el camino.

Se sentía mucha paz, no sé si era por el día frio, pero el lugar se veía poco transitado, se oían cantar los pájaros de toda clase, volaban de un lado a otro de diferentes tamaños y colores, se percibía  una mezcla de olores maravillosos que nos regalaban las flores y los árboles. Un buen camino para rodar.

Llegamos con éxito a Santa María  Alta, cuatro kilómetros de ascenso, una escuela y un par de casas fue lo único que encontramos, no se oía nada, solo los perros ladraron cuando nos sintieron llegar. El paisaje nos lo quedo debiendo la montaña, porque las nubes fueron las protagonistas.

Nos hidratamos, nos tomamos la foto del triunfo y rodamos montaña abajo rumbo a casa.

Un recorrido de 39 kilómetros, con un clima de 19 grados centígrados perfectos para rodar, un aumento de altitud de 754 a 1.058 metros sobre el nivel del mar. Llegamos felices porque lo que no se planea sale mejor. No se pierdan rodar por Santa María  Alta que es bien alta pero vale la pena.

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